16 julio 2008

¿HABRAN TOMADO NOTA POR AQUI?

ESCÁNDALO
El 'Nestlégate' sacude a Suiza
La compañía se habría gastado 65 millones de euros para espiar a ATTAC
Actualizado martes 15/07/2008 22:23


Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé en Suiza. (Foto: REUTERS)
CARLOS ÁLVARO ROLDÁN
BERLÍN.- La pequeña Suiza vive sacudida desde el pasado 12 de junio por un escándalo que afecta a uno de sus emblemas. En el centro del tifón se halla la emblemática Nestlé, la mayor empresa agroalimentaria del planeta, que fabrica desde agua mineral hasta comida para bebés.
Ésta habría gastado cerca de 65 millones de euros para espiar durante al menos un año entre 2003 y 2004 a la minúscula
oficina local de ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras y de Ayuda a los Ciudadanos) en Lausana, a pocos kilómetros de su centro neurálgico en Vevey. Casualmente, los activistas antiglobalización preparaban un libro sobre la firma. La prensa ya ha bautizado el caso como "Nestlégate".
La protagonista de esta historia es sin duda "Sara Meylan", una "simpática y normal" veinteañera de cabello rubio oscuro que a finales de verano de 2003, poco después de la Cumbre del G8 en Evian (Francia), llamaba a las puertas del grupo para colaborar.
En poco tiempo era una más del equipo de siete personas que elaboraba un exhaustivo informe sobre la multinacional, "ATTAC contra el imperio Nestlé", en cuyas primeras ediciones aparecía, claro está, la firma de "Sara". Y como compañera tenía acceso a los datos personales de todos y cada uno de los colaboradores en el mundo de este grupo autodenominado "altermundista" y que se ha convertido en una piedra en el zapato de gobiernos y grandes compañías advirtiendo activamente de los peligros en la globalización.
Pero para sorpresa de sus compañeros, "Sara Meylan" un buen día desapareció sin dejar rastro. "Nunca quería aparecer en las fotos", ha recordado ahora un colega. La mujer ha resultado ser una espía de la firma de seguridad suiza Securitas, una empresa privada a veces llamada la "mano izquierda" de la policía helvética. Y la factura la habría pagado Nestlé. "Sara", según se sabe, elaboró detallados informes de cada uno de sus compañeros, incluyendo opiniones ideológicas.
El citado 12 de junio la noticia saltaba en el canal suizo de habla francesa TSR, en el programa
'Tiempos presentes'. Allí el periodista Jean-Philippe Ceppi mostraba los resultados de una investigación que le ha llevado más de un mes y que ha provocado el sonrojo incluso a la policía local, uno de cuyos portavoces ante la cámara del programa admitía que sus agentes conocían que el grupo era espiado por Securitas.
El propio Gobierno ha decidido actuar de inmediato y su ministra de Interior, Jacqueline de Quatro, ha exigido públicamente "luz en este caso". En medio de voces políticas que piden medidas concretas para estas prácticas, el Ejecutivo ya ha encargado una investigación independiente.
El "Nestlegate" llega después de numerosos casos de espionaje conocidos recientemente por parte de grandes empresas, principalmente en Alemania. Allí han ido cayendo como un rosario "gigantes" como Lidl, Aldi, Schlecker, Deutsche Bahn o Deutsche Telekom. Y los espiados eran desde simples empleados hasta directivos e incluso los distintos periodistas que cubrían esas firmas.
En el caso ahora destapado en Suiza la empresa de seguridad Securitas, la principal del país, sólo ha reconocido que en 2003 participó en el dispositivo de seguridad erigido en la Cumbre del G8 en Evian (Francia) para vigilar a los manifestantes. Sin embargo Bernard Joliat, su ex director, jugaba a la ambigüedad al asegurar que "podía haber una misión de vigilancia para un cliente en relación a ATTAC". Nestlé, por su parte, ha reiterado que "colabora estrechamente con Securitas y la policía".
El último escándalo que ha sacudido a Nestlé se remonta a 2005, cuando se descubría en el mercado chino una partida de leche en polvo infantil cuyo contenido en yodo era superior al estándar. El punto culminante se producía al retirar el gigante francés Carrefour estos productos de la marca de sus estanterías.
Fuente El MUNDO.ES



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