02 noviembre 2010

GANAR LA CALLE

LAS VIEJAS FORMAS PERIMIDAS DE LA DEMOCRACIA
A primera vista y como consecuencia del deceso de ex mandatario, la consigna y como resultado de las movilizaciones espontaneas de la exequias del mismo es volver a ganar aquello que habían perdido: la calle. Nadie duda de la capacidad de movilización de las estructuras, pero estas habían perdido cierta espontaneidad. Quizás lo mas alentador dentro de lo triste de la muerte del líder para los seguidores, fue ver que había un potencial y eso se quiere explotar. Por eso se convoca como primera medida a una marcha a la juventud. Es interesante la convocatoria al vacío de la memoria. No hay nada contra ello, ni mucho menos contra el pasar del tiempo. Es obvio que como integrante de un periodo concreto de la historia hay partes de la historia que no las se, ni me interesan. Pero esta ausencia de conocimientos no las lleno de verdades fantásticas para una construcción política. Ni por aliento esto para un fin concreto. En ningún caso, ni aunque toda muerte asalte la melancolía del pueblo argentino, me parece antikirchnerista volver a repetir que Kirchner había usurpado todos las estructuras y símbolos del peronismo. El en si mismo no lo era. Aun puedo recordar el día que volvió a la Plaza de Mayo como presidente y compatibilizo la expulsión de los montoneros y el lugar del viejo líder. Este trastorno político bipolar que aun delira en los afiebrados Vertibisky y los Feinmann no va a ser resuelto por ganar la calle. La militancia no resuelve lo nacional y popular del peronismo. Ni mucho menos convierte a la izquierda en la heredera del peronismo de un hachazo donde quede excluido el resto del pueblo argentino que exprese los valores de la Nación. Un pueblo sin felicidad, no puede ser presentado como el resultado de un gobierno peronista. El resultado de la irritación y la confrontación alterada de los ánimos, son vicios de una visión hepática de la realidad intolerante ante una visión del mundo que los alerta de problemas que no se quieren ver. Aun no están todas marchitas las flores de las coronas de las honras fúnebres del líder muerto y el INDEC saca la estadística del aumento de los salarios en negro, con eso trepa el indice de los salarios promedios. Me pregunto si la encuesta sera como la pregunta del Censo, ¿ha trabajado al menos una hora en la ultima semana?, el que contesto: si, espero que no se vuelque a una idea para medir el desempleo, porque si no no le veo sentido a la pregunta, al menos no esta explicada en mi razón. Debe haber una explicación seria. Ahora si de ello se desprende que hay gente que esta ocupada, seria preocupante que el Censo, concluya con ciertos niveles de ocupación de la población, porque a veces son preguntas a las que se contesta por vergüenza.
La militancia no gana la democracia con demostraciones masivas en la calle. La gana en las urnas. La gente en la calle es mostrar un poder a los que no tienen capacidad de movilización. Es dejar perplejos a los que no disponen medios por parte de los que muestran esa hegemonía movilizadora. Pero supongamos que sea una movilización fantástica y movilice a 200.000 personas. Estamos hablando de un país que supero a los 40.000.000 millones de habitantes, por lo cual esa movilización que capaz de no la pueda hacer nadie es irrepresentativa en relación a los votos, inclusive de una oposición, cualquiera sea esta, que puede sacar mas votos que esos guarismos, aun desordenada o sin modelo tan elaborado y falaz como el que se presenta. Ganar la calle es amedrentar, en la confrontación, amilanar y decir que hay caminos alternativos de la democracia. Como aquellos que aun reivindican las asambleas populares contra el voto secreto y universal sin saber que este se estatuyo para no sufrir presión alguna de los presentes, para que en la soledad del cuarto oscuro, no mande nadie mas que la conciencia del ser humano.
Pero hacia ahí vamos, hacia una convocatoria a ganar la calle, por la militancia y por la construcción de un sueño reelecionista que niegan y afirman. Siguen el trastorno bipolar político.
El martes, apenas el martes, aunque sumidos en ciertas cavilaciones saben que el libreto es el mismo.



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