10 noviembre 2008

LA ARGENTINA ABSURDA

LANDRU SE ANTICIPABA AL PENSAMIENTO KIRCHNERISTA:



EL SEÑOR PORCEL (Personaje de la Revista Tía Vicenta)
El señor Porcel entró a una ferretería y le dijo al empleado:-¿Tiene algo para medir una repisa?
-Sí, cómo no -le respondió el empleado enseñándole un metro-. Tengo este metro.
-No, no, me sobra -respondió el señor Porcel-. La repisa mide ochenta centímetros. Me sobran veinte centímetros.
-¿Cómo que le sobra? -preguntó sorprendido el empleado-. Con ese metro podrá medirla perfectamente.
-Sí. Pero me van a sobrar veinte centímetros. ¿No tendría un metro que mida ochenta centímetros?
-¿Un metro que mida ochenta centímetros? -interrogó confundidísimo el empleado
-. No, no tenemos.
-¿No podría cortarme este metro? -insistió el señor Porcel-.Córtemelo a los ochenta centímetros.
-No se puede -balbuceó el empleado-. ¿Por qué no lleva todo el metro?
-¡Porque me sobran veinte centímetros! ¡Porque me sobran veintecentímetros! -gritó el señor Porcel perdiendo la paciencia-. ¿Cuántas veces quiere que se lo diga? ¡Me sobran veinte centímetros! ¿Podría decirme dóndepuedo comprarme un metro que mida ochenta centímetros?
-No hay -tartamudeo coloradísimo el empleado-. El metro mide cien centímetros.
-¡Valiente descubrimiento! -chilló el señor Porcel-. Ya sé que el metro mide cien centímetros, pero da la casualidad que mi repisa mide ochenta. De manera que está claro que me sobran veinte centímetros. ¿Se puede saber qué hago con los veinte centímetros que me sobran?
-Pero es que yo...
-¡Pero es que usted es un imbécil! -bramó el señor Porcel-. ¿Va a decirme ahora que no hay nada para medir una repisa de ochenta centímetros? Sepa, caballerito, que como está la vida de cara yo no voy a desperdiciar veinte centímetros. ¡Pobre país! Veinte centímetros por allá, veinte centímetros por acá y terminaremos arruinados. Pero ya que usted no me lo quiere vender, lo compraré en otro lado.
Y el señor Porcel se alejó furioso, entró a un hospital y le dijo al médico de guardia:-Venía a verlo porque tengo una espantosa indigestión de frutillas.
-¡Pero si esta no es la época de las frutillas!
-Bueno. Entonces volveré otro día.

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