20 enero 2013

LO ESPIRITUAL Y OCCIDENTE


Excepción y norma

Juan José Millás

 06:40   
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Me sorprendió, en la India, la cantidad de occidentales que habían ido tan lejos en busca de una espiritualidad que, si uno se lo propone, puede hallarla en los aseos públicos de un bar de tapas de su barrio. Pero bueno, allí estaban los hombres y mujeres, casi todos jóvenes, aunque también algunos de mediana edad, buscándose a sí mismos en medio de una miseria que dañaba la vista y de un calor que abrasaba los pulmones. Comí o cené en restaurantes de lujo (es decir, con aire acondicionado) con algunos de estos creyentes que, sin excepción, pretendían venderme algo. En realidad, pretendían venderse a sí mismos su vida, pues se veía a la legua que tenían enormes dudas acerca de lo que estaban haciendo.
–¿De dónde diablos os habéis sacado lo de la espiritualidad de la India?– me atrevía yo a preguntar a veces.
Entonces me miraban como si la respuesta fuera obvia, como si no hubiera más que salir a la calle para darse de bruces con ella. Pero cuando salías a la calle, lo único que veías eran esqueletos andantes, mendigos sin piernas y sin dientes, niños andrajosos dispuestos a seguirte hasta el fin del mundo solicitándote una moneda, aunque si les dabas el bolígrafo del hotel se quedaban asombrados ante aquel portento de tecnología punta.
Yo había ido a trabajar, no a encontrarme a mí mismo, de modo que trataba de no engañarme sobre lo que veía ni sobre lo que leía. Así, descubrí que la India es un país de una crueldad sin límites, una crueldad que se respira minuto a minuto, un país también de una violencia atroz. Viajé a Cachemira, un lugar maravilloso desde el punto de vista del paisaje, pero donde detrás de cada árbol había un policía armado con permiso para matar. En fin, no tengo nada contra ese país, contra ningún país, pero me asombra el mito que se ha creado en torno a él, tanto en lo que se refiere al asunto de la espiritualidad como al de su incorporación a la democracia. Estos días, escuchando y leyendo las noticias acerca de las violaciones y asesinato de esas dos chicas, me he acordado de los pobres tontos occidentales que continúan allí, buscando a Dios. Deberían saber que tales violaciones no son una excepción, son la norma.


DEL FARO DE VIGO


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